Florecen ininterrumpidamente desde la primavera hasta muy avanzado el otoño. Sus flores (color violeta, púrpura o blanco, y rosa y lavanda en algunos híbridos) se reúnen en apretadas inflorescencias con delicado aroma a vainilla, más intenso temprano por la mañana y también al atardecer. Se las emplea como flor de corte.
Ramifican mucho ya desde la base; sus hojas son pecioladas, plurinervadas, alternas, de forma oval, angostas y de textura rugosa, verde intenso en la cara superior y más claras por el envés, también dan perfume.
Se los multiplica por semillas o esquejes, a éstos hay que mantenerlos con la tierra húmeda y en lugares cálidos hasta que echan raíz.
Se los cultiva tanto en jardines como en macetas, pero debemos elegir siempre ubicaciones donde no de el viento. En inviernos muy fríos cubrir por las noches con un plástico, y con esa protección, aunque las hojas se quemen, rebrotarán más adelante.
A pesar de que prefieren ubicaciones con sol pleno, en zonas en las que los veranos sean extremadamente cálidos será mejor situarlos en una media sombra. Mientras estén desarrollándose conviene efectuar riegos abundantes.
Cada año, al finalizar el invierno, se lleva a cabo una poda para quitar las ramas que ya no están en condiciones.
De las hojas y las flores se saca un aceite esencial utilizado en Medicina (algunas veces reemplaza a la quinina) y en Perfumería (como base para varios perfumes). Sus raíces son muy estimadas por el fuerte poder sedante que tienen. Pero algunas de sus partes son venenosas si se ingieren y las hojas pueden irritar las pieles demasiado sensibles.
