Tiene tallos subterráneos y de sus raíces se obtiene una tintura violácea, de allí su epíteto botánico de “tinctoria”. Sus grandes hojas son simples, palmeadas y alternas, de color verde oscuro y apariencia coriácea; rondan el metro de diámetro y están recubiertas por ambas caras con una gruesa pubescencia que las vuelve ásperas al tacto; la nerviación es muy marcada y los márgenes están profundamente hendidos.
Los fuertes pecíolos, o nalcas, que las sostienen, son carnosos y comestibles, miden más de un metro de largo por cerca de quince centímetros de ancho y están recubiertos por espículas; su ingesta, ya sea crudos o cocidos, aporta a nuestra dieta agua y fibra. Además de usarse en ensaladas con ellos se preparan mermeladas y jugos. Dentro de la medicina no tradicional se les confieren propiedades astringentes.
Las inconspícuas flores, tanto hermafroditas como unisexuales, aparecen reunidas en apretadas inflorescencias terminales; las masculinas se ubican en el vértice de las mismas y las femeninas y bisexuales en la base; todas carecen de pétalos, los que son reemplazados por dos tépalos; las femeninas cuentan además con dos estilos y las masculinas con dos estambres. Los frutos son drupas, globosas u ovoides, de un color entre anaranjado y rojizo.
