Es muy aromática, el perfume a anís que emana de ella es debido a la alta concentración de anetol, un compuesto insaturado que la industria emplea en la confección de licores y como es comestible se la cultiva principalmente con fines gastronómicos.
Posee tallos erectos, glaucos y estriados; puede llegar hasta los dos metros de alto. Sus hojas compuestas por folíolos finos y alargados son de color verde oscuro. Da pequeñas flores amarillas que nacen reunidas en grupos de entre diez y cincuenta ejemplares, en inflorescencias de tipo umbela de hasta diez centímetros de diámetro; cuentan con cinco pétalos, cinco estambres y un gineceo bicarpelar con un estilo por carpelo. Su fruto ovoidal posee dos mericarpios separados y costillas muy remarcadas.
El bulbo blancuzco, que no es tal sino las bases ensanchadas de los tallos superpuestos, mide entre diez y quince centímetros de diámetro; consumido fresco en ensaladas aporta a nuestra diaria abundante fibra, carbohidratos, proteínas, vitaminas B1, B2, B3, B5, B6 y C, ácido fólico, calcio, hierro, magnesio, fósforo, potasio, zinc y manganeso, es un alimento muy completo.
También puede consumirse cocido, en guisos y sopas.
Sus semillas secas se emplean para aromatizar distintos platos, se las incluye además en encurtidos y de ellas la industria obtiene un aceite esencial. También los tallos y las hojas picadas se usan como hierba aromática. Se le atribuyen propiedades diuréticas y anti inflamatorias (aplicada, por ejemplo, externamente sobre los ojos, en casos de conjuntivitis). Las hojas y flores se recolectan en verano, los frutos antes de completar su maduración y las raíces en el otoño.
