Suele medir entre ocho y veinte metros de alto y son muchas las aves que se alimentan de sus pequeños frutos con apariencia de calabaza.
Tras los incendios rebrota desde la base y llega a vivir alrededor de sesenta años. Su corteza oscura está recubierta de escamas.
Posee hojas simples, verdes, elípticas y acuminadas, de unos diez centímetros de largo; tienen aspecto coriáceo, la nerviación muy marcada y se distribuyen de manera alterna en las ramas. En el invierno caen parcialmente.
Florece todo el año y da tanto flores femeninas como masculinas, ambas son amarillo-verdosas y nacen agrupadas de a tres. Las femeninas de apenas medio centímetro de diámetro y las masculinas un poco más grandes.
Los frutos amarillo-anaranjados, al madurar, se abren en segmentos radiales permitiendo que se vean las semillas rodeadas de un arilo rojo y brillante; los pájaros las diseminan tras ingerir el fruto; las mismas tardan de uno a cuatro meses en germinar.
Es de cultivo sencillo y crecimiento rápido. Le agradan los suelos arenosos y arcillosos, típicamente aluviales y no tiene preferencia en cuanto a ubicaciones soleadas o sombreadas. La variedad Glochidion ferdinandii var. pubens, que no se encuentra con tanta frecuencia, es algo más bajo y sus hojas y frutos están cubiertos por una fina pubescencia.
