La Clavelina

La Clavelina pertenece al género Dianthus, de la familia Caryophyllaceae, que comprende gran cantidad de especies asiáticas y europeas. Es pariente directa del Clavel y crece de manera silvestre en la zona del Mar Mediterráneo, lo que le permite adaptarse sin problemas al clima sudamericano. Las variedades de más uso son: Dianthus deltoides, Dianthus chilensis y Dianthus barbatus. 

Es una planta perennifolia cespitosa, de hojas alargadas de un tono verde grisáceo. Mide alrededor de 25 centímetros de alto y florece siempre que la temperatura sea agradable. Las flores son de tamaño medio, simples o dobles, de colores variados aunque siempre dentro de la gama del rojo, rosa, blanco y violáceo, a veces con una mezcla de ellos en un mismo ejemplar. 

Resiste bien las plagas y es de fácil cultivo, por ello se recomienda para los jardines, además porque protege el entorno de malezas. Una vez en tierra, con sustrato ligero (partes iguales de tierra negra, humus y arena), las semillas sólo tardan dos semanas en germinar; si las sembramos a comienzos de la primavera florecerán hasta fines del verano. Si se decide multiplicarlas por esqueje hay que ponerlas a la sombra. También se logran nuevos ejemplares por división de matas. 

Es apta para el cultivo en macetas, en este caso agregaremos a la tierra una parte de turba y pondremos una capa le leca sobre el orificio de drenaje. No necesita mucho riego, sólo cuidar que la tierra permanezca húmeda. Si en verano estuvieran expuestas a luz solar fuerte, durante gran parte del día, deberemos duplicar el riego. Como abono se usa polvo de huesos. 

Hay que protegerla de las heladas. A veces puede ser atacada por una enfermedad denominada roya y aparecerán sobre sus hojas manchas marrones, pero existe un fungicida específico para tratarlas. Si aparecieran pulgones se emplea cipermetrina, y si fueran arañuelas aplicaremos un acaricida sistémico.