Tienen la corteza amarillenta. Sus hojas compuestas, de color verde, tienen estípulas delgadas y triangulares; los folíolos, oblongos y con el margen entero, se disponen de manera opuesta en el raquis que mide de veinte a treinta centímetros de longitud, incluyendo el pecíolo que suele medir unos cinco centímetros.
Florecen durante casi todo el año. Da flores blanco-crema que nacen reunidas en inflorescencias alargadas y erectas de tipo racimo; las protegen brácteas membranosas (rosadas, lilas o en tono fucsia) pubescentes y caducas que dejan cicatriz cuando caen; a diferencia de otras fabáceas éstas tienen la quilla y las alas de la misma medida; cuentan con un solo pistilo y el aparato reproductor masculino lo forman diez estambres diadelfos, uno de ellos libre.
El cáliz, con forma de copa, es corto, con tricomas y cinco dientes. Los pedicelos que las sostienen alcanzan los dos centímetros.
La polinización es entomófila, la efectúan abejas, mariposas y escarabajos que llegan atraídos por el néctar (al que son guiados por dos manchas púrpura en la base de los pétalos) y el polen. Los frutos son legumbres, dehiscentes al madurar, que contienen una o dos semillas, elipsoidales o reniformes, oscuras y brillantes.
En la especie Afgekia filipes los folíolos son papiráceos y están cubiertos en ambas superficies por una pubescencia plateada. En la variedad Afgekia filipes tomentosa los folíolos son coriáceos y densamente hirsutos. Precisan ubicaciones a pleno sol para florecer abundantemente pero no son muy exigentes en cuanto a suelos siempre que tengan buen drenaje. El riego debe ser regular y se adaptan al cultivo en maceta.
