No quedan muchos ejemplares por lo que se la considera amenazada, aunque no aún en peligro de extinción. Su raíz leñosa mide hasta veinte centímetros de largo y se aferra a las rocas. Posee más de cien hojas, fuertes, glabras, verdes, suculentas y con los márgenes serrados, curvadas ligeramente hacia el centro de la planta, formando una roseta casi simétrica.
Da pequeñas flores acampanadas, verdosas con tintes purpúreos, de no más de dos centímetros de largo, reunidas en densas inflorescencias terminales de tipo espiga, sostenidas por un grueso pedúnculo bracteado que mide de treinta a cincuenta centímetros. Las componen un ovario inferior oblongo, seis pétalos parcialmente soldados y algo incurvados, seis estambres con filamentos planos y anteras amarillas, y un estilo cilíndrico que muestra un estigma trilobulado.
Los frutos capsulares miden alrededor de un centímetro y cuentan con estrías transversales. Las semillas son planas, oscuras, lisas y semicirculares. Por su morfología es similar al Agave stricta y al Agave rzedowskiana, aunque difiere en el tamaño de las flores y la cantidad de pubescencia principalmente.
