Las variedades comerciales dan entre 10 y 20 tallos al año. Hasta la floración se desarrollan entre 15 y 18 nudos (con dos hojas opuestas por nudo) y de cada uno de ellos saldrá un brote. Una característica que determina la calidad de un clavel es la rigidez y longitud de su tallo que debe ser recto y sin deformaciones (sosteniéndolo horizontalmente si la flor cae en un ángulo mayor de 30 grados ya se lo considera defectuoso).
Las flores simples cuentan con 5 pétalos, festoneados o serrados, y varían en color desde el blanco al púrpura, pero hay variedades cultivadas con hasta 40 pétalos. El diámetro va de 6 a 9 centímetros y todas son bisexuales.
Junto con las rosas, es la flor que más se obsequia en ocasiones especiales.
Su esencia es muy utilizada en perfumería pero no tiene uso culinario ninguna parte de la planta; sí medicinal, porque en la antigüedad se creía que era bueno el líquido de cocción de las hojas para el cansancio de la vista y lo empleaban a modo de colirio.
Necesita bastante sol y hay que mantener la tierra húmeda, no en demasía pues las hojas se tornan amarillentas.
Las flores viejas deben ser retiradas de continuo para favorecer una nueva floración. Se reproduce fácilmente mediante brotes (siendo los más fuertes los que están más cerca de la base de los tallos) y también por semilla. Se lo debe proteger de la arañuela roja y otras plagas usando esporádicamente aracnicidas, acaricidas y nematodocidas.
