Se la cultiva como especie ornamental en los jardines por lo llamativo de su follaje y sus grandes y hermosas flores blancas que sirven, además, como flor de corte gracias a su extensa duración (unos diez días); empleándoselas también frescas en la confección de ramos de novia naturales.
Mide entre sesenta y noventa centímetros de alto. Es muy resistente y no requiere mayores cuidados. Necesita ubicaciones con sol pleno y suelos calizos, arenosos o con marga sin que juegue un papel importante la acidez de los mismos, pero sí el que tengan buen drenaje. Sus hojas verdes, muy divididas, lucen como las de los helechos plumosos.
Durante el verano, y hasta que llegan los primeros fríos, da flores reunidas en inflorescencias terminales de tipo umbela plana, de alrededor de doce centímetros de diámetro; las interiores son más pequeñas mientras que las exteriores presentan los pétalos radiales mucho más largos. Atraen a las abejas y las mariposas por igual.
Si se procede a su secado para realizar arreglos florales hay que colocarlas en un lugar aireado y oscuro, si les da luz no toman el color marrón característico.
No es preciso podarla pero sí hay que quitar las inflorescencias ya marchitas.
Se la propaga mediante semillas en primavera cuando ya pasó el peligro de heladas, cubriéndolas apenas con algo de tierra; en invernadero se siembran ocho semanas antes aunque se debe tener especial cuidado al trasplantarlas para no dañar la raíz. Germinan en una semana y en total tardan en desarrollar y comenzar a florecer unos tres meses y medio.
