Su corteza es gris y rugosa. Tiene hojas verdes simples, pecioladas y brillantes, grandes (entre doce y treinta centímetros de largo), con forma de oval a lanceolada, fuertemente acuminadas, con las nervaduras centrales muy marcadas sobresaliendo en la cara posterior, márgenes enteros y aspecto coriáceo. Nacen en densos grupos en la punta de las ramas, disponiéndose de manera alterna.
Da bellas flores, blancas y hermafroditas, con forma de estrella; miden de cinco a siete centímetros de diámetro y aparecen reunidas en inflorescencias terminales de tipo corimbo. Los frutos son drupas con piel lisa y pulpa fibrosa, de unos cinco a diez centímetros de diámetro; se los denomina “Othalanga”, son muy tóxicos y a lo largo de la historia fueron utilizados tanto para suicidios como para provocar la muerte de otros.
Cuando están todavía verdes se asemejan a los mangos.
En su centro hay una sola semilla, blanca y ovoide, de un centímetro y medio por dos, que al quedar expuesta se oscurece paulatinamente hasta tornarse negra; se están llevando a cabo estudios para obtener de sus ácidos grasos un aceite que podría transformarse en un promisorio biocombustible para el futuro.
A pesar de su alto grado de toxicidad, dado que contiene un potente cardiotónico que acelera el ritmo cardíaco, la industria química lo emplea mucho para elaborar insecticidas y repelentes.
