Mide entre uno y dos metros de alto y tiene porte arbustivo; se la emplea como ornamento en los jardines por su abundante follaje (que en otoño amarillea) y la belleza de sus flores. De su tallo subterráneo, o rizoma, surgen varios tallos aéreos erectos, escasa o nulamente ramificados. Sus hojas verdes son pecioladas y alternas, compuestas por un número impar de folíolos serrados y acuminados.
Como su epíteto lo indica es dioica, por ello hay ejemplares con flores masculinas y ejemplares con flores femeninas.
Ambas aparecen en verano, reunidas en inflorescencias terminales de tipo panícula cónica. Siendo más vistosas las masculinas, que son blancas, por sus numerosos estambres que les dan aspecto plumoso y como no fructifican duran más tiempo. Las femeninas son blanco-amarillentas o blanco-verdosas y más pequeñas.
Los frutos son cápsulas péndulas que no sobrepasan el medio centímetro de largo.
Se la puede propagar mediante semillas o vegetativamente. Prefiere ubicaciones a media sombra y suelos con bastante humedad aunque con buen drenaje. Precisa abundante riego.
Si hace mucho frío en los meses invernales entrará en un período de latencia para rebrotar en primavera. No precisa mayores cuidados y no es propensa ni a albergar plagas ni a contraer enfermedades. Dentro de la medicina no tradicional se le atribuyen propiedades diuréticas.
