Posee un grueso tronco cilíndrico, de hasta dos metros de diámetro, recubierto por una corteza grisácea. Sus grandes hojas simples, de color verde, forma oblonga y aspecto coriáceo, se distribuyen de manera alterna en las ramas. Da pequeñas flores de seis pétalos blancuzcos que sólo pueden ser polinizadas por un tipo especial de abejas que logran abrir las lígulas para acceder al polen.
Tras la polinización les demanda más de un año a los frutos el madurar. Miden unos quince centímetros de diámetro y pesan cerca de dos kilos, los rodea una epidermis de consistencia leñosa de un centímetro de ancho. Lo que consumimos son sus semillas en forma de medialuna, unas dos docenas por fruto. Su consumo aporta a nuestra dieta alimenticia proteínas, carbohidratos, azúcares, fibra, grasas, agua, vitaminas y varios minerales.
Hay animales que se ingenian para abrir las cápsulas, monos y roedores en su mayoría, a través de un orificio ubicado en uno de los extremos. Muchas de las nueces son enterradas para ser consumidas luego y así es como nacen espontáneamente nuevas plantas. Este árbol, a través de su extenso sistema radicular, tiene la característica de absorber materiales radioactivos del suelo y por ello es que las nueces contienen radio y bario, pero en bajas cantidades, así que no es perjudicial.
