Posee un tallo subterráneo, o rizoma, de forma cilíndrica; de él surgen huecas ramas trepadoras pubescentes que al quebrarse despiden mal olor. Sus hojas pecioladas, a veces enteras, a veces lobuladas, con el vértice acuminado, miden entre cinco y nueve centímetros.
Da pequeñas flores de color púrpura que se reúnen, unas diez o veinte, en inflorescencias terminales de tipo cima. Las mismas poseen el cáliz redondeado con un borde dentado y la corola rotácea formada por cinco pétalos soldados por sus bases; cuenta con cinco estambres con oscuros y cortos filamentos y anteras amarillas; el ovario es súpero y tiene un estilo sobresaliente.
Los frutos son bayas rojas, de forma elipsoidal, muy tóxicas; miden cerca de un centímetro de diámetro y la pulpa tiene sabor desagradable; las semillas son blancuzcas, aplanadas y con una pequeña saliente en un extremo. Algunas especies de aves son inmunes a su toxicidad y tras ingerirlos diseminan las semillas.
La Dulcamara prefiere suelos húmedos, arenosos o pedregosos, algo ácidos; ubicaciones en lugares sombreados y temperaturas cálidas.
Dentro del marco de la medicina no tradicional se le confieren propiedades depurativas, diuréticas, hepato protectoras, expectorantes y purgantes, pero siempre en baja cantidad porque es muy peligrosa su ingestión, pudiendo llegar a paralizar el sistema nervioso central y causar la muerte.
En uso externo se aplica sobre afecciones cutáneas, verrugas y para alivianar los dolores provocados por la artrítis. Hay que emplear guantes o lavarse muy bien las manos luego de tocar cualquier parte de la planta y evitar que entre en contacto con las mucosas.
