Se la cultiva como flor de corte y, actualmente, se están obteniendo nuevas y llamativas variedades. No demanda muchos cuidados. Le agradan las ubicaciones que van desde sol pleno hasta una sombra parcial. De su tallo subterráneo nacen hojas verdes, simples y lanceoladas que miden entre diez y treinta centímetros de largo, formando una roseta.
También surgen de él fuertes tallos florales de veinte a cincuenta centímetros de alto, rectos o algo curvados, que sostienen hermosas flores (similares en apariencia a las del Cyclamen) con cinco pétalos ovales blancos o rosados reflejados y estambres amarillos agrupados en el centro formando un cono; se reúnen de ocho a veinte de ellas en inflorescencias de tipo umbela pendular.
No es muy exigente en cuanto a suelos, pero prefiere los calizos, los arenosos, los ricos en humus y los que contienen marga; incluso los mixtos siempre que tengan muy buen drenaje y un pH que vaya de ácido a neutro. Queda muy bien en los jardines componiendo rocallas; el riego debe ser moderado.
Podemos propagarla mediante semillas colocadas en tierra en cuanto maduran; necesitan frío para germinar, por lo que conviene sembrarlas en macetas y dejarlas en el exterior hacia el final del invierno. En primavera se puede recurrir a la división de mata. No necesita podas. Resiste bien a plagas y enfermedades pero hay que protegerla de caracoles y babosas.
