Tiene hojas verdes elípticas, con nerviación muy aparente y aspecto coriáceo; en el otoño, antes de caer, adquieren un magnífico tono bronce dorado. Sus grandes y aromáticas flores, de doce a quince centímetros, aparecen entre finales de invierno y comienzos de la primavera, antes que las hojas mismas. La floración dura varias semanas. Los fuertes tépalos que las forman, de seis a doce (libres, caducos e imbricados), son de color rosado oscuro por fuera y más claros o de un blanco puro en la cara interior.
Podemos propagarlo mediante esquejes de madera blanda, con hojas, a finales del otoño. Requiere de suelos ricos en humus, húmedos, pero con buen drenaje. Necesita ubicaciones con sombra parcial (lo ideal es sol por la mañana y sombra por la tarde para que no se quemen las hojas ni las flores si el clima es algo cálido) y riegos frecuentes.
Si se desea puede podárselo a mitad del verano, cuando su follaje está a pleno. Hay que protegerlo de las heladas tardías porque pueden dañar los pimpollos; también de las chinches y los caracoles que se ensañan con él; tampoco le agrada el viento. Suele decaer por falta de hierro y no se debe pintar su tronco con cal pues le provoca clorosis, lo mismo si la composición del terreno fuera alcalina.
