En su hábitat natural forma grandes matorrales cerca de corrientes de agua; bajo cultivo debemos mantenerla controlada dado que es una especie invasiva debido a su sencillo sistema de autopropagación. Tiene hojas compuestas por 12 a 20 folíolos de forma elíptica, acuminados y ligeramente pubescentes. Da flores desde su primer año de vida; éstas son pediceladas, de un intenso color naranja y nacen reunidas en racimos axilares; su época de floración es bastante prolongada.
El fruto es una legumbre tardíamente dehiscente (suelen permanecer durante todo el invierno en las ramas), provista de cuatro costillas pronunciadas (cuando la mayoría de las leguminosas cuenta con sólo dos); conserva los restos del cáliz, que es persistente, y mide entre seis y diez centímetros; es de color verde al principio y se vuelve marrón con el correr de los días.
Las semillas, de una a ocho por vaina, son reniformes y de color rojizo al madurar; son muy tóxicas pues contienen un glucósido cianogenético; tardan sólo una semana en germinar, y si se las sumerge unas horas en agua antes de sembrarlas el proceso se acelera todavía más; las plántulas tienen el tallo algo débil y es bueno colocarles una guía o tutor para que se mantengan erguidas.
Prefiere ubicaciones con sol pleno. Admite podas intensas mediante las cuales puede dársele forma de árbol pequeño, ideal para utilizar en grandes macetones que decoren la entrada de la casa, la terraza o el jardín; no le agrada permanecer en el interior de las viviendas. Le agrada la humedad ambiente elevada y ésta es benéfica para que el follaje luzca exuberante y la floración sea siempre abundante.
