Mide entre cincuenta centímetros y un metro de alto, pero hay también ejemplares espectaculares que pueden alcanzar varios metros.
Ni sus hojas ni sus flores se resienten por la ausencia de sol pues les agrada la sombra y estar a cobijo. Hay que ubicarlo en la zona más oscura del jardín ya que a sol pleno no prospera y acabaría secándose.
Desarrolla perfectamente a la sombra de otros árboles, junto a un muro e incluso en un patio interior. Precisa humedad abundante, principalmente en verano, cuando necesita estar siempre húmedo. Conviene regarlo con agua de lluvia o que no tenga cal y admite el rociado del follaje. El suelo donde crezca debe ser ácido y las temperaturas regulares, sin fluctuaciones drásticas.
Se le suele administrar un abono específico especialmente indicado para rododendros y plantas de constitución similar como son las azaleas. No le agradan las podas, por lo que solamente deberemos quitar las ramas muertas y las flores que se vayan marchitando. Puede padecer clorosis férrica y verse atacado por la Arañuela roja.
