Adquiere forma arbustiva y su altura varía entre 1 y 3 metros. Para adaptar su tamaño a los jardines conviene realizarle una poda anual a comienzos de la primavera. Posee ramas delgadas y por su semejanza con los juncos es que se le dio el epíteto que acompaña al nombre. Tiene hojas simples, muy pequeñas y lineales, que se distribuyen espaciadamente. Es caducifolia.
De verano a otoño da hermosas flores amarillas muy perfumadas que se pueden cortar con el tallo que las sostiene para utilizarlas en arreglos florales. Las semillas, con aspecto de legumbre plana, descansan en una vaina, legumbre o chaucha. Antes se sembrarlas conviene dejarlas sumergidas en agua toda la noche para ablandar la piel que las recubre.
La mayor parte de la planta es tóxica pero dentro del marco de la medicina no tradicional se le confieren propiedades diuréticas y purgantes, siempre en bajas dosis.
El uso principal es la transformación de sus fibras en cuerdas o tejidos (esparto) y la fabricación de escobas y cestas: también con las flores se destila un colorante.
Se adapta perfectamente a los suelos secos o arenosos, preferiblemente calcáreos, y por su aptitud de convertir tierras desgastadas en fértiles se la utiliza mucho. Necesita ubicaciones a pleno sol. Los pulgones son la plaga que suele atacarla con regularidad.
