Adquiere por sí mismo forma redondeada, ramifica profusamente y tiene un frondoso follaje; admite podas intensas (sólo en otoño), por ello se lo recomienda para la realización de bonsáis y se lo puede usar también como cerco en los jardines dándole la forma adecuada. En un mismo punto de las ramas aparecen las hojas agrupadas, las espinas trífidas y las inflorescencias.
Sus hojas tienen forma oval y coloración rojiza, gracias a ellas es una especie ornamental muy buscada; dentro de la medicina no tradicional, preparadas en infusión, se les atribuyen propiedades astringentes, pero en bajas dosis, pues pueden ser tóxicas en cantidad. En la primavera se cubre de minúsculas flores amarillas, reunidas en apretadas inflorescencias de tipo racimo pendular, miden unos cinco o seis centímetros de largo. Los rojos frutos son bayas ovales y los recubre una capa cerúlea; miden un centímetro de diámetro y son ricos en vitamina C.
Con las raíces y las ramas se produce una tintura amarilla. Se lo reproduce mediante semillas, esquejes (con la ayuda de algún enraizador), o por estacas con hojas (mantenidas en ambiente húmedo). Le agradan las ubicaciones a pleno sol pero puede adaptarse también a una media sombra. No es exigente respecto a los suelos pero prefiere los calizos. Resiste bien el frío y hay que regarlo con moderación.
Suelen atacarlo: La roya (Puccinia graminis) que produce caída de las hojas; la antracnosis (manchas oscuras en el follaje que se cura con preparados a base de cobre); la bacteriosis (manchas púrpura, sólo se deben cortar y quemar las partes afectadas) y también hongos y virus que no dejan otra solución que sacar la planta y no replantar en el lugar ninguna otra de la misma especie por si han quedado vestigios de los atacantes. Lo más sencillo de combatir son los pulgones, ya que pulverizando con agua jabonosa los mantendremos alejados.
