La Rhynchostylis gigantea

Conocemos por el nombre científico de Rhynchostylis gigantea a una Vanda perteneciente a la familia Orchidaceae, que se diferencia de las demás por su labio unilobulado y su crecimiento más lento. Es originaria del sudeste asiático, donde la encontramos en países con clima cálido y húmedo como China, Tailandia, Vietnam y Filipinas. 

Comúnmente se la llama en inglés “Foxtail orchid” (Orquídea Cola de Zorro), debido a su inflorescencia larga y compacta de unos cuarenta centímetros de largo, con alrededor de cincuenta flores. Éstas nacen durante el otoño y el invierno, llenando el ambiente con su inconfundible aroma dulzón.

Gracias a su amplia distribución mundial han aparecido nuevas y numerosas variedades con colores que van del blanco al rojo oscuro y muchas veces también con manchas bicolor. 

Cada flor, de aspecto cerúleo, mide entre tres y cinco centímetros. También difieren de otras Vandas en que no necesitan exposición directa a la luz solar, pero si mantienen su aprecio por los climas entre cálidos y muy cálidos, aunque son bastante adaptables. Según la luminosidad a la que esté expuesta sus gruesas hojas acintadas, de treinta centímetros de largo por cinco o siete de ancho, paralelinervadas y algo recurvadas en el ápice, se verán de un verde más oscuro o más claro pero no disminuirá para nada la producción floral. 

Colocadas en cestos colgantes, con aberturas en sus paredes, veremos cómo sus carnosas raíces se van enredando por el recipiente; siempre que le suministremos agua y fertilizante de manera uniforme, no demandará mayores cuidados. No es que cueste trasplantarlas pero por el tamaño justamente de su sistema radicular conviene hacerlo humedeciendo bien el sustrato, para que no se dañen al sacarlas; aunque lo mejor es elegir un lugar en el que puedan quedarse durante muchos años. 

Los pseudo bulbos (que cuenten ya con una o dos hojas) pueden ser colocados en una mezcla de turba (hay quien emplea también corteza) y ver cómo se comportan; suele añadírsele al sustrato trozos grandes de carbón que le servirán de anclaje en el futuro. En cuanto veamos que las hojas comienzan a exudar pequeñas gotas, algo pegajosas, será que nuestra orquídea está pronta a florecer.