Muy rara vez sobrepasa los quince centímetros de alto y su sistema radicular posee fuertes tallos subterráneos, o rizomas, que la sujetan bien al terreno y le permiten enfrentar a los violentos vientos de la montaña. A pesar de su frágil apariencia resiste condiciones ambientales extremas. Da pequeñas flores, algunas veces blancuzcas y otras de una tonalidad amarillo-verdosa, que están protegidas por suculentas brácteas pubescentes de un blanco inmaculado.
En su composición química encontramos ácido leontopódico, ácido fenólico y ácido clorogénico, entre otros; también fitoesteroles, terpenos, flavonoides, aminoácidos y polisacáridos. Dentro del marco de la medicina no tradicional se le atribuyen propiedades antioxidantes, bactericidas, diuréticas, anti inflamatorias y anti cancerígenas. En decocciones, con agregado de leche y miel, se dice que combate la acidez y la mala digestión, al mismo tiempo que sirve como expectorante y ayuda en casos de trastornos respiratorios.
Un extracto glicerínico extraído de ella probó dar excelentes resultados en la recuperación de piel dañada y en el cuidado de la misma; la industria cosmética la emplea por ello en cremas protectoras solares y en cremas anti-edad; aseguran que reduce las arrugas que surgen alrededor de los ojos.
Al observar su tejido meristemático en el microscopio se pueden ver puntos luminiscentes. La recolección de la planta o sus flores está prohibida en su hábitat natural pero, afortunadamente, las hay hoy en día bajo cultivo y así es como podemos conseguir bellos ejemplares todo el año.
