El término Cinnamomum deriva del idioma griego y significa “madera dulce”.
Sus grandes hojas pecioladas son ovales y tienen la punta acuminada; el aspecto es coriáceo y se distribuyen de manera alterna en las ramas; muestran un color verde oscuro que se aclara bastante en las nervaduras y sus bordes están algo festoneados; se las utilizaba antiguamente para ahuyentar polillas y otros insectos.
En primavera da pequeñas flores blanco-amarillentas reunidas en inflorescencias axilares de tipo corimbo. Los frutos son bayas rojizas globosas, con la piel cerúlea, que se tornan oscuras al madurar. Para reproducirlo mediante semillas hay que sembrarlas apenas se las saca del fruto pues su poder germinativo es efímero, también suelen emplearse esquejes semileñosos.
El tan conocido y utilizado “aceite de alcanfor” se obtiene mediante la destilación de la madera de ejemplares de más de medio siglo. Dentro del marco de la medicina no tradicional se le atribuyen muchas propiedades a sus hojas, las cuales molidas y mezcladas con alcohol se utilizan externamente en casos de calambres y dolores de cabeza, reumáticos o musculares; sumergidas en agua hirviendo se aspiran los vapores que producen para mejorar afecciones como la rinitis, la bronquitis o los resfriados.
El alcohol alcanforado suele ser efectivo, también, para aliviar el dolor de muelas. No hay que excederse en su uso puesto que se transforma en irritante y hasta en narcótico; en pequeñas dosis es un buen sedante del sistema nervioso y un efectivo antiespasmódico.
