Tiene una amplia copa con las ramas muy separadas, pero su abundante follaje logra que la sombra que brinda sea agradable. Vive entre cien y ciento cincuenta años.
Posee hojas imparipinnadas compuestas por pequeños folíolos ovales con el margen entero, miden entre quince y veinte centímetros y se ubican de manera alterna en las ramas.
Da flores hermafroditas de color entre blanco y crema, suavemente perfumadas, que nacen en verano y duran casi dos meses, son asimétricas como las de las acacias, aparecen reunidas en inflorescencias de tipo racimo. Los frutos son legumbres carnosas indehiscentes de cinco a diez centímetros de largo total: contienen entre una y seis semillas; se reproduce mediante ellas, dejándolas en agua toda la noche antes de plantarlas.
No es exigente en cuanto al suelo pero lo prefiere profundo, suelto y aireado, que no junte humedad y mucho menos que se encharque; tolera bien las épocas de sequía. Soporta bajas temperaturas y le gustan las ubicaciones a pleno sol; precisa mucho espacio a su alrededor para crecer con comodidad. Algunas de las variedades más conocidas son: Sophora japonica pendula, Sophora japonica columnaris, Sophora japonica doteana y Sophora japonica regent.
Dentro del marco de la medicina no tradicional se les confiere a todas las partes de este árbol propiedades laxantes. Lo afectan mucho los hongos, los producidos por humedad excesiva que provocan que se pudran las raíces y los que se establecen en los cortes que quedan abiertos tras las podas, otros provocan manchas en sus hojas; algunas veces lo atacan pulgones y cochinillas pero es bastante resistente a ellos.
