Se la cultiva por los pecíolos rojizos que sostienen sus grandes hojas (que son triangulares, rugosas y con bordes festoneados), cuyo diámetro varía entre dos y cinco centímetros; con ellos se preparan ensaladas, compotas y rellenos para pasteles y empanadas; su sabor es similar al del apio y aportan a nuestra dieta carbohidratos, azúcar, fibra, proteínas, todas las vitaminas del complejo B y vitaminas C, D, E y K; ácido fólico y varios minerales.
Se los cosecha antes de comenzar el verano y se los consume de inmediato, porque es cuando están más firmes y brillantes. Dentro del marco de la medicina no tradicional se le atribuyen propiedades laxantes y antiparasitarias. Las demás partes de la planta no se emplean por su toxicidad, dado que contienen una cantidad elevada de ácido oxálico.
Sus pequeñas flores blancuzcas nacen agrupadas en largas inflorescencias rodeadas de hojas blanco-verdosas. A pesar de ser una planta de estación, en la actualidad se cultiva ampliamente en todo el mundo dentro de invernaderos, de allí sale a la venta a comienzos de la primavera (unos tres meses antes de las que están en estado silvestre); estas variedades cultivadas son de un rojo más intenso, poseen una consistencia más tierna y un sabor más dulce.
