Mide alrededor de treinta metros de alto. En la juventud su copa se presenta abierta y con ramas alargadas, tornándose cónica y densa al alcanzar la madurez. Las hojas en forma de abanico y con finas nervaduras que se destacan en ambas caras, poseen una hendedura profunda que separa en dos el limbo; su color verde metálico cambia a amarillo al llegar el otoño; permanecen así en la planta sólo por unos pocos días, para caer luego todas al mismo tiempo.
Es una especie dioica, hay ejemplares que dan sólo flores masculinas y ejemplares que las dan sólo femeninas. Los frutos amarillos que producen éstas últimas (confundidos a veces con drupas, aunque en realidad son las semillas) destilan un aroma desagradable cuando maduran, ese es un detalle a tener en cuenta si se planea plantarlo cerca de alguna vivienda, por ejemplo, y se debe recordar también que precisa de mucho espacio.
En cuanto a luminosidad acepta todo tipo de ubicaciones, desde sol pleno hasta sombra total; lo mismo ocurre con los suelos, mientras tengan un buen drenaje. Por ser de lento crecimiento habrá que mantenerlo vigilado en cuanto al riego, en zonas de clima cálido y ventoso donde el agua se evapora casi de inmediato, dado que aunque no tolera los encharcamientos sí necesita una adecuada humedad.
Tolera bien la polución ambiental, por ese motivo es que ha sobrevivido tanto. Es apto para realizar bonsáis.
Se le atribuyen varias propiedades terapéuticas, como la de evitar la formación de trombos en la sangre, facilitando la circulación; además neutraliza los radicales libres que están presentes en el proceso del envejecimiento celular.
