Es una especie de clima tropical húmedo, pero se adapta a diistintos tipos de suelos, ya sean éstos volcánicos, metamórficos, arcillo-arenosos, franco-arenosos, aluviales y hasta pedregosos. Su sistema radicular es muy profundo y extenso a la vez y cuenta con nódulos fijadores de nitrógeno (Micorrizas). Debido a que consume mucho líquido y nutrientes conviene mantenerlo alejado de zonas de cultivos.
A su corto tronco lo recubre una corteza oscura. El follaje es denso; sus hojas pecioladas bipinnadas, de disposición alterna, compuestas por entre nueve y quince pares de pinnas cuentan con hasta sesenta pares de folíolos de color verde oscuro y forma de linear a oblonga. Se comporta como deciduo o perennifolio según las lluvias de la región sean escasas o abundantes.
Tolera bastante el frío pero no las heladas.
Da pequeñas flores hermafroditas reunidas en inflorescencias de tipo umbela que se agrupan a su vez en alargadas panículas erguidas, las caracterizan sus largos y numerosos estambres rojizos que parecen formar una cabellera, de donde toma su nombre popular.
Los frutos son legumbres delgadas de cerca de diez centímetros de largo que contienen entre tres y quince semillas. Alcanzan la madurez luego de dos meses de haberse producido la fecundación.
Se reproduce rápidamente a través de las semillas, le cuesta un poco el crecimiento durante el primer año de vida pero la situación se revierte una vez que comienzan a infectarlo los hongos o micorrizas; es muy útil para reforestar y para estabilizar suelos, también provee buen forraje para el ganado y leña.
