A causa de la tala indiscriminada para utilizarlo como leña, y a la supresión de importantes recursos hídricos que fueron empleados para la minería, hoy se halla en peligro de extinción. Sobrevive gracias a su importante desarrollo radicular, el cual le permitió adaptarse a las nuevas condiciones semidesérticas del hábitat donde antes era próspero.
Su tronco, de casi medio metro de diámetro, está recubierto por una corteza amarronada que se desprende longitudinalmente en tiras y le da un aspecto desaliñado.
Posee ramas colgantes, glabras, de tonalidad rojiza y muy resinosas. Sus hojas verdes, de aspecto coriáceo, simples y lanceoladas, con los márgenes enteros o apenas aserrados y una longitud que ronda los diez centímetros por sólo uno o dos de ancho, se ubican de manera alterna en las ramas.
En primavera da hermosas flores rojas, actinomorfas y unisexuales, pediceladas y protegidas por brácteas las femeninas; y sin pedicelo y con diez estambres provistos de anteras globosas, las masculinas, que nacen reunidas en largas panículas axilares péndulas. Fructifica en verano; los frutos son minúsculas drupas rojizas y carnosas que contienen una sola semilla y oscurecen al ir madurando.
