El Papayo

Se conoce por el nombre vulgar de Papayo, y el científico de Carica papaya, a una hierba arborescente, originaria de Centroamérica, que forma parte de la familia Caricaceae. Es de bajo porte, mide entre dos y ocho metros. El tronco es recto y cilíndrico, de unos 30 a 35 centímetros de diámetro y con corteza grisácea; su consistencia es esponjosa y no ramifica, termina coronado por un follaje palmeado que se sostiene mediante largos pecíolos; éstos, al caer, dejan una cicatriz en la planta. 

Su savia tiene aspecto lechoso y produce irritación en la piel si se la toca; contiene papaína (enzima similar a la pepsina y a la tripsina), que procede del secado del látex, y carpaína (estimulante del ritmo cardíaco). El sistema radicular es bastante superficial, por lo que se deben extremar los cuidados cuando se desmaleza a su alrededor, y no se aconseja el empleo de herbicidas por la escasa consistencia del tronco que podría verse afectado. 

Las hojas, de color verde oscuro por el frente y verde-amarillento por el revés, son grandes (más de 50 centímetros) y alternas, palmeadas y con lóbulos acuminados, sostenidas por pecíolos gruesos y largos de más de 25 centímetros. 

Hay ejemplares con flores femeninas, otros con flores masculinas y también los hay hermafroditas. Las flores femeninas están formadas por cinco sépalos (sin soldar) de color amarillo que cubren el ovario, cinco pétalos que se disponen a modo de estrella y cinco estigmas amarillos formando un abanico. Los frutos son de buen tamaño y forma redondeada. 

Las masculinas están sostenidas por pedúnculos de más de medio metro de largo, formando racimos de unas quince a veinte pequeñas flores; éstas tienen los pétalos soldados lo que les da aspecto de tubos alargados, dentro guardan diez estambres distribuidos en dos grupos de cinco; hay también un pistilo rudimentario pero sin estigmas. 

Las hermafroditas tienen los dos sexos pero las hay de tres tipos diferentes dentro de la misma planta: Las llamadas “pentandrias”, similares a las femeninas pero con el agregado de cinco estambres y el ovario dividido en lóbulos, esto produce que los frutos sean casi esféricos y lobulados; las llamadas “elongatas”, similares a las flores masculinas pero con el agregado de un ovario alargado que produce frutos similares a sí mismo; y las llamadas “irregulares”, que al no estar bien formadas dan origen a frutos con deformaciones. 

Los frutos son bayas generalmente de forma ovalada, su peso fluctúa entre el medio kilo y los cinco kilogramos, o más; el tamaño de los mismos disminuye a medida que la planta envejece; la piel verde que los rodea cambia a amarillo a medida que maduran; la pulpa, compacta pero jugosa, es rojizo-anaranjada, muy dulce y perfumada. 

Al crecer producen la caída de las hojas que los cubren y es así como quedan al descubierto; estas denominadas “papayas” se consumen frescas (quitándoles la cáscara y las oscuras semillas redondas y aplanadas) o bien transformadas en dulces y mermelada (gracias a su elevada cantidad de pectina) o bebidas. 

Se reproduce por semillas. Necesita suelos profundos, ricos en humus, sueltos y con buen drenaje, puede ser cultivado también en maceta. Para obtener esquejes se fuerza a los árboles viejos a ramificar cortando su yema terminal. Precisa humedad y calor para un buen desarrollo; alrededor de 1800 milímetros de lluvias anuales y una temperatura ideal de entre 20º y 22º grados. 

Los frutos se recolectan un poco antes de que alcancen la madurez total y se almacenan a temperaturas cercanas a los diez grados, nunca a menos de 8º C pues se detendría la maduración; por tener la piel delicada se los envuelve uno por uno para mantenerlos a salvo de golpes y magulladuras. La papaya fresca, incluida en postres o ensaladas proporciona a nuestro organismo proteínas, calcio, hierro y vitaminas. 

Conviene cambiar los árboles cada dos años, porque al exceder su tamaño es más trabajosa la recolección y la obtención de látex, también su producción disminuye. Se ensañan con el Papayo los nematodos, la arañuela roja, los pulgones verdes y la Ceratitis capitata o Mosca de la Fruta, se los puede controlar pulverizando la planta con emulsiones de ésteres fosfóricos.

El Guayule

Conocemos por el nombre común de Guayule, y por el científico de Parthenium argentatum, a un arbusto dioico perennifolio perteneciente a la familia Asteraceae. Es originario de América del Norte, típico de las regiones semiáridas entre los seiscientos y los dos mil metros sobre el nivel del mar. Mide de cuarenta a ciento cincuenta centímetros de alto y vive cerca de cuarenta años. De él se extrae un látex hipoalergénico con el que se fabrican guantes y catéteres para cirugía. 

Soporta bien las temperaturas extremas. El rango de lluvias que ´precisa anualmente está entre los 50 y los 400 milímetros. Ramifica intrincadamente casi a partir de la base. Por las ramas es que la gente distingue a los ejemplares macho de los ejemplares hembra, los primeros tienen menor cantidad de ramas pero éstas son de mayor longitud.

Sus hojas pecioladas y acuminadas, con forma de espátula o lanceoladas en otros casos, pueden presentar los bordes enteros o ligeramente serrados, su color es verdoso-plateado; el tamaño varía porque depende de la cantidad de agua de la que disponga, incluso de estación a estación del año estas fluctuaciones pueden observarse a simple vista. 

La floración es prolífica, sus flores aparecen reunidas en inflorescencias de tipo capítulo, las liguladas hacen las veces de corola y las del disco conforman el centro. La polinización es efectuada por las abejas principalmente, aunque a veces la llevan a cabo también otros insectos que visitan las flores. 

Los frutos son aquenios muy oscuros; en su interior se gesta una sola semilla dicotiledónea que, en buenas condiciones (almacenada en lugares secos y bien aireados), conserva su poder germinativo por unos seis meses. La reproducción a través de la simiente es aleatoria puesto que la mayor parte de las pequeñas plántulas que nacen sucumbe luego ante las malas hierbas que las sofocan. Por eso es preferible reproducir el Guayule mediante retoños, cortados del tallo y de la raíz. 

Su sistema radicular alcanza gran desarrollo lateral pero no es muy profundo. Prefiere suelos arenosos y calcáreos, con piedras o cascajos en la superficie y buen drenaje. La producción de látex aumenta durante el invierno, en el verano baja considerablemente. En los cultivares precisa frecuentes fertilizaciones con boro.

El Guanandí

Es conocido popularmente como Guanandí, o Árbol de Santa María, y científicamente como Calophyllum brasiliense, un miembro de la familia Clusiaceae. Es originario de América, donde forma parte de la vegetación selvática de los trópicos, distribuyéndose entre el nivel del mar y los mil setecientos metros de altitud, en zonas donde las lluvias rondan de 1500 a 4000 milímetros anuales y la temperatura media oscila entre los 20 y los 28 grados. 

Tiene gran porte, pudiendo llegar a los cuarenta metros; gracias a ello se lo aprovecha como cortador de vientos en las tierras de cultivo (merced a que también es resistente a los herbicidas). Por su aspecto y su madera es muy similar a la Caoba. Posee un tronco cilíndrico que ronda el medio metro de diámetro y ramifica a partir de los dos o tres metros; lo recubre una corteza grisácea surcada por vetas amarillas de la que se extrae una tintura oscura. 

La savia es de color amarillo-verdoso. La copa es redondeada y frondosa. Las hojas son simples, con margen entero y aspecto coriáceo; se ubican de manera opuesta en las ramas; el reverso (en el cual se destacan más las nervaduras) es de un verde más claro que el anverso. Los bordes se presentan ondulados. Las flores son pequeñas, blancas, con un ligero tinte amarillento; se agrupan en inflorescencias de tipo racimo; en algunas plantas sólo hay flores masculinas mientras que en otras se encuentran de ambos sexos. 

Los frutos son bayas globosas, carnosas y de pulpa agradablemente aromática; miden unos dos centímetros de diámetro y con ellos se alimenta gran parte de la fauna de los bosques. Contienen una sola semilla con grueso y oscuro recubrimiento; de ellas se extrae aceite. Para recolectarlas se espera a que los frutos tomen color amarillo; no se las puede almacenar por mucho tiempo porque se deshidratan rápido y dejan de ser viables; lo mejor es sembrarlas de inmediato (en lechos de arena, para su posterior trasplante a los cinco o seis meses) para que la germinación arroje un buen resultado. 

Su corteza, las hojas y la resina que exuda tienen efectos medicinales, se los utiliza en casos de diabetes, dermatitis y úlceras. Con la madera se realizan pisos y muebles; se la usa para fabricar embarcaciones (dado que resiste bien a las termitas y ampliamente a los hongos) y para el tallar diversos objetos, desde mangos para herramientas hasta instrumentos musicales. Es también una gran fuente de celulosa para hacer papel. 

Se lo utiliza tanto que mermó considerablemente la cantidad de ejemplares dentro del hábitat natural y se lo ha comenzado a cultivar previendo su escasez. Necesita suelos ácidos y húmedos (tolera los anegamientos), ricos en hierro pero con poco potasio y fósforo. Se adapta bien a la sombra; necesita fertilizantes nitrogenados y se lo debe podar una vez al año.

La Kalanchoe

Recibe el nombre de Kalanchoe, o Calanchoe, una planta crasa cuya denominación científica es Kalanchoe blossfeldiana; tiene un hermoso follaje y su floración es muy llamativa. Hay variedades con flores rojas, rosas, anaranjadas, amarillas y blancas. Forma parte de la familia Crassulaceae y es originaria de Europa, suele alcanzar una altura de cuarenta centímetros. 

En exteriores debe estar ubicada a la sombra o a media sombra y en el interior de las casas en un lugar muy luminoso sin que le dé sol directo. La temperatura muy baja le afecta, prefiere las altas aunque no más allá de los 25º centígrados; la calefacción produce sequedad en el ambiente y tampoco le hace bien.

Sus hojas carnosas son verdes, con bordes crenados y aspecto cerúleo. No aceptan agua sobre ellas, por eso en lugar de pulverizarla conviene ubicarla sobre un cuenco que contenga piedras y agua, que les brindará la humedad adecuada. En tierra es también sensible al riego excesivo y debemos esperar a que esté seco el sustrato antes de volver a regar. El agua muy fría tampoco le sienta bien. 

Da pequeñas flores de cuatro pétalos; las hay también dobles y hasta triples; se reúnen formando inflorescencias de tipo umbela. En época de floración hay que fertilizarla entre una y dos veces al mes; cuando crece se procede al cambio de maceta por una de mayor tamaño. Cada tanto se le efectúan podas de rejuvenecimiento, para eliminar las hojas basales que van envejeciendo y restos de flores. 

Resiste bien las plagas. Durante el invierno se produce un enrojecimiento en toda la planta pero es completamente normal. Podemos multiplicarla fácilmente mediante esquejes; se cortan de entre cinco y diez centímetros, hay que aguardar a que pasen unos días y cicatrice el corte, recién entonces se los introduce en arena (cubiertos, no a sol directo) y se los mantiene a una temperatura templada constante; cuando enraízan se pasan al lugar definitivo; también se obtienen nuevos ejemplares a través de semillas en la Primavera.

El Algodonero

Se conoce como algodonero, o Gossypium a una planta textil oleaginosa perteneciente a la familia Malvaceae, de ella hay variedades anuales, bianuales y vivaces. No se puede determinar si es originaria de Oriente o América pues su cultivo se remota a tiempos inmemoriales en ambas zonas. 

Posee raíz pivotante y su tallo comienza siendo herbáceo para convertirse en leñoso con el correr del tiempo. Llega a los dos metros de alto. Sus hojas palmeadas pueden tener tanto 3 como 5 lóbulos y muchas veces hay de ambas en la misma planta. 

Las flores nacen amarillas, cambian luego a rosadas y terminan siendo de color rojo oscuro. Su forma es acampanada y están compuestas por un cáliz y una corola de 5 sépalos y 5 pétalos respectivamente. Los estambres están unidos por sus bases. El ovario parece una pera y cuenta con entre 3 y 5 cavidades. 

Los frutos miden alrededor de 7 por 5 centímetros. Son cápsulas verdes que viran al rojo- violáceo al madurar, en cada lóculo encontramos entre 7 y 10 semillas ovales envueltas en fibras de un color verde grisáceo. Cuando el capullo cambia a morado se abre gradualmente y deja asomar sus filamentos entrelazados semejando copos de nieve. 

Entonces comienza la etapa de la cosecha. Esta se efectúa manualmente, cortando los capullos uno por uno. Se prolonga bastante, dado que no todos los frutos maduran al mismo tiempo y si se los saca antes de su madurez las hebras son quebradizas y no tienen brillo. Luego se colocan a secar, proceso que demanda varios días. 

Posteriormente se lleva a cabo el desmontado, que es cuando se separan las semillas, para la fabricación de aceite, de las fibras, para uso textil. Por último se procede a enfardar el algodón en paquetes a los que se les da el nombre de “balas”. 

El mejor clima para cultivarlo es el subtropical, pero no es exigente en cuanto a suelos; aunque los profundos, sueltos y de composición arenosa son sus preferidos si están en zonas de lluvias abundantes; en zonas secas, con pocas precipitaciones, es mejor que sean arcillosos para que mantengan la humedad. La cantidad adecuada de lluvia está entre unos 800 a 1200 milímetros anuales. 

Para germinar necesita de 14 a 20 grados como término medio diario, ya grande puede soportar temperaturas de hasta 45º; no le va tan bien con el frío porque muere si baja de 0º. Previo a plantarlo hay que efectuar dos aradas, con una posterior pasada de la rastra luego de cada una. 

Las semillas no se deben cubrir con mucha tierra para que no tengan problemas al brotar. Se las ubica en línea continua y luego se ralean las plántulas al alcanzar una altura de 20 centímetros, para que queden entre ellas cerca de 80 centímetros de distancia. Requiere de carpidas con rastra de dientes para destruir las malezas y airear la tierra tantas veces como sea necesario. 

Entre sus principales plagas están la Lagarta rosada y la Oruga del capullo, ambas mariposas muy perjudiciales y difíciles de controlar; si se las encuentra hay que pulverizar con sales amoniacales repetidas veces; eso las controla, pero se recomienda proceder a la quema de los rastrojos luego de la cosecha, pues siempre quedan vestigios y el ciclo puede recomenzar nuevamente.

La Oreja de elefante

Conocemos por el nombre común de Oreja de elefante, y por el científico de Colocasia esculenta, a una planta perenne que en climas fríos se cultiva como anual. Pertenece a la familia Caladium. Recibe ese nombre por sus grandes hojas, cuya forma es similar a la de las orejas de los paquidermos. Su hábitat original son las zonas tropicales y subtropicales; probablemente de Malasia e India; desde allí se difundió a Egipto, Grecia y Roma (donde ya era especie cultivable). 

Su tamaño oscila entre un metro y un metro y medio de alto. Es de cultivo sencillo. Precisa ubicaciones con mucho sol y bastante humedad. Le agradan los suelos ricos, algo ácidos, con adición de abono orgánico y buen drenaje; una vez al mes conviene aplicarle algún fertilizante nitrogenado. 

Da una flor similar a la de la Cala, pero más alargada y de color amarillo. Posee tallos subterráneos, o cormos, y es a través de ellos que se propaga. Cuando la parte aérea muere al llegar el tiempo frío los cormos se retiran del suelo para guardarlos en lugares secos, frescos y bien ventilados, hasta que regrese el calor. En zonas donde las temperaturas no sean muy bajas pueden dejarse en la tierra y cubrirlos con paja. 

Es cultivada con fines ornamentales porque el tamaño y el color de sus hojas son muy llamativos; aunque, para muchos, es una planta comestible, centrándose la atención en este caso en los cormos, que reciben el nombre popular de “taro” o “coco yam” (ingrediente muy estimado en la cocina de Hawái). Los cormos, al igual que se hace con otros tallos de este tipo, son pelados y hervidos, luego congelados y embolsados o colocados en latas; la toxina que contienen se destruye durante la cocción y los vuelve aptos para el consumo alimenticio. 

Las hojas tienen un gran contenido de vitaminas y minerales. Para que no se transformen en invasivas hay que controlar su crecimiento; también en las macetas hay que vigilar la expansión. Precisan tierra con mucho compost y materia orgánica. Si son molestadas por los insectos basta con un buen insecticida genérico.

El Aguacate

Recibe el nombre común de Aguacate, y el científico de Persea americana, un árbol perennifolio originario de Centroamérica miembro de la familia Lauraceae. Puede llegar a medir cerca de 30 metros, su tronco es fuerte y sus ramas vigorosas. En la antigüedad las especies silvestres de México, Guatemala y las Antillas se reproducían por el sistema de polinización cruzada, la cual dio origen a innumerables variedades. 

Hacia el año 1900 se lo comienza a domesticar y se seleccionan los mejores ejemplares. Es cultivado principalmente por su fruto, al que se le conoce como aguacate, o palta. Se lo ingiere tanto crudo (solo o en ensaladas) como en platos culinarios difundidos a nivel mundial, tal el caso del “Guacamole”. Ya lo consumían en el Imperio Inca. En la crónica de la conquista de América los españoles lo nombran por primera vez a principios del siglo XVI. 

El delicado fruto es una baya con pulpa de consistencia cremosa y una sola semilla en su interior; la piel, de color verde oscuro, puede ser lisa o rugosa dependiendo la variedad. No madura hasta que se lo separa de la planta madre; algunas plantas los dan morados y otras parduzcos, miden entre diez y quince centímetros de largo y su ancho varía, pues a pesar de que la mayoría son ovales los hay más redondeados y también con forma de pera. 

Al consumirlo incorporamos a nuestro organismo vitaminas, proteínas, minerales y ácidos grasos. En la industria cosmética se emplean los frutos y los aceites obtenidos de ellos para elaborar productos para el cuidado del cabello y de la piel. Tiene hojas pecioladas que se ubican de manera alterna; son grandes, ovaladas, acuminadas y con la superficie muy brillante; con ellas se preparan jarabes expectorantes. 

Las flores aparecen reunidas en inflorescencias de tipo racimo y se abren en distinto momento, por ello no pueden autofecundarse. Los órganos femeninos están activos un tiempo, luego la flor se cierra y vuelve a abrirse cuando entran en actividad los órganos masculinos. Sólo el 0,1% de su gran cantidad de flores se transforma en fruto. Las heladas intensas lo perjudican, y más si está en plena floración. Las variedades mexicanas son más resistentes al frío, luego las de Guatemala y las Antillas en orden decreciente. 

La multiplicación se realiza mediante semillas e injertos. Necesita suelos permeables y con mucha profundidad (a pesar de que tiene raíces relativamente superficiales); preferentemente arenosos, pues los calcáreos y clorados no le agradan. El exceso de humedad acaba con estos árboles pues su principal predador es el hongo Phytophthora cinnamomi; para controlarlo se usan pies de injerto de una especie más resistente y se emplean fungicidas directamente en el terreno. 

Se lo cultiva hasta una altitud de dos mil quinientos metros y es preferible hacerlo a no menos de ochocientos metros sobre el nivel del mar, para que el agua corra fluidamente. El principal productor mundial es México, lo siguen Estados Unidos y Chile.