En la actualidad se lo considera especie en peligro de extinción a causa de la alta injerencia humana dentro de su ecosistema. Posee pequeñas hojas de color verde oscuro, simples y aromáticas, de margen entero y forma oval, que miden cerca de tres centímetros de largo por unos dos de ancho; son glabras, de aspecto coriáceo y las sostienen cortos peciolos.
Durante la primavera y hasta bien entrado el verano da flores hermafroditas, blancas y actinomorfas, solitarias o formando grupos de tres en los cuales la central es sésil y las otras pediceladas. Todas están provistas de gran cantidad de estambres repletos de polen sobresaliendo de los pétalos y reciben la visita de varios insectos que se alimentan de él y del néctar, ayudando a polinizarlas. En época de sequía apenas la mitad de los ejemplares florecen y sólo unos pocos llegan a fructificar.
Los frutos son bayas carnosas, rojas al madurar, que conservan el cáliz (formado por cinco sépalos) que es persistente. En su interior suele haber una o dos semillas; si las extraemos de inmediato germinan con facilidad (en apenas cinco días), si la humedad ambiente se mantiene constante y están resguardadas del sol fuerte, el que puede incluso calcinar las plántulas de varios centímetros de alto; la temperatura ideal para ellas es de veinte grados y el sustrato que se use debe ser ligero y aireado, con agregado de compost.
Tanto la fruta como las semillas sirven de alimento a roedores que depredan alrededor del setenta y cinco por ciento de las mismas; lamentablemente no pueden ser desecadas y almacenadas como se hace con otras plantas puesto que en ellas el embrión se daña al perder agua.
